Mitos sobre el emprendimiento

Algunos consejos que nos ayudarán a sobreponernos a esos mitos que nos limitan como emprendedores
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Se ha convertido en una costumbre social escuchar frases que describen el emprendimiento como un proceso muy difícil, con muchos riesgos y con bastantes impedimentos.
Muchos de los expertos, asesores, mentores o business angels que han sido emprendedores alimentan esta idea y forma de pensar, y es que cuando acudimos a eventos o conferencias de este tipo, nos llenan de conceptos y preceptos que, lejos de motivarnos, nos hacen pensar o replantearnos si seguir adelante o no. Frases como “levanten la mano aquellos que son emprendedores y han perdido sus matrimonios” o “el camino de un emprendedor es solitario” o simplemente nos llenan la mente de historias de triunfo en las que el protagonista, tras un camino de sufrimiento, consiguió el éxito.
Esto no significa que las palabras de esos expertos sean malas o estén equivocadas, no se puede calificar bajo la relatividad. Sin embargo, desde nuestra experiencia, podemos ver que la mayoría de estos patrones de pensamiento se almacenan en el inconsciente y genera paradigmas definitivos en la persona y el colectivo.
¿Esto que quiere decir?
Que, así como los patrones de riqueza, pareja o salud se fijan desde que somos pequeños, también sucede con aquellas metáforas, afirmaciones, frases o mitos que circulan en el ambiente de emprendimiento y que van generando en el emprendedor ciertas expectativas. Visto desde una perspectiva más filosófica (desde la física cuántica, específicamente), vamos generando una realidad, o bien, desarrollamos una creencia que condiciona nuestra perspectiva.
La gran mayoría de los casos de éxito que escuchamos en conferencias y talleres de emprendimiento, nos hablan de un camino largo, difícil y duro, donde el sacrificio parece ser el principal socio del emprendedor. Pero en el ecosistema de emprendimiento existe una enorme variedad de casos de éxito que seguramente no hemos escuchado, tal vez por el simple hecho de que no necesitaron inversión, o no cerraron una gran cantidad en una ronda de financiación, o quizás porque no hubo una situación dramática y no resultó una historia interesante. Parece que nos acostumbramos cada vez más al drama en nuestras vidas.
Se ha afirmado muchas veces que el camino del emprendedor (CEO) es solitario y es uno de los mitos que, aquellos que han sido CEOs, podrían validarlo pero viene dado por un paradigma más clásico que actual. El antiguo concepto de director general de una empresa, era aquel que lograba el éxito financiero personal y de la empresa, pero en el camino perdía amigos, esposa, hijos, etc, y sus trabajadores lo veían solo con admiración y respeto. Y una afirmación común entre estos líderes clásicos es que “es increíblemente solitaria la parte superior de la empresa“
Estamos rodeados de estas historias que, más allá del entretenimiento, alimentan el patrón y nos venden ese paradigma de sufrimiento y soledad que debemos vivir para tener éxito en nuestra startup y esto no debe ser así. Si algo ha demostrado realmente el ecosistema actual de emprendimiento, es que las startup están precisamente para romper esquemas y paradigmas, pues el avance en los últimos 10 años lo ha demostrado. Entonces, si estamos bajo el nuevo concepto de emprendimiento del siglo XXI, ¿por qué continuar con los enfoques clásicos?, ¿hasta que punto somos independientes en nuestro pensamiento? o ¿somos simplemente lo que otros quieren que seamos?
El nuevo emprendedor tiene la responsabilidad de demostrar con hechos que no solo la transformación y la innovación está en la tecnología, sino también en el modo de ser y pensar.
Una recomendación para evitar el síndrome del emprendedor solitario es tener una persona con quien “descargar”, así como un proceso de “catarsis”. Debemos tener alguien cercano con quien desahogarnos o drenar las emociones que, con el tiempo, se acumulan. Reconocer lo que sentimos es un avance importante en el cambio de paradigma, pues el enfoque clásico insiste en hacernos reprimir las emociones debido a la idea de que “nos hacen ver débiles” hacia los demás.
Hacer más no necesariamente nos dará resultados más rápidos, debemos ser más equilibrados con la administración de la agenda y dar tiempo también a aquellos espacios de ocio y descanso para compartir momentos con aquellos que están a nuestro alrededor. Tenemos la idea de que debemos trabajar 18 horas al día y dormir 6 (incluso menos) para ser más eficientes, pero este error puede significar algo más que perder amigos o parejas, el cuerpo necesita también atención. Parece que el concepto de éxito que tenemos en la mente está meramente ligado a lo económico y si lo crees así, definitivamente, tu mente piensa como Fayol y Taylor a principios de siglo XX.
Un aspecto importante a considerar al momento de iniciar un proyecto de emprendimiento o startup, es preguntarnos ¿qué quiero lograr con esto? ¿por qué y para qué lo hago? Si las razones son suficientemente válidas y argumentadas, difícilmente un bache en el camino podrá detenernos. Lo que quiere decir que si tenemos un por qué y un para qué suficientemente claro, contamos con una gran fortaleza para emprender: nuestra convicción. Pero recuerda, todo en exceso puede ser perjudicial. Disfruta mientras resuelves los problemas, apóyate en tu equipo, amigos y/o familiares y evita creer que estas solo, porque en realidad no es así.
Si bien, estoy convencido que existen otros conjuntos de paradigmas que nos condicionan como emprendedores, (da para escribir muchos más artículos) hablamos de uno de los condicionantes que más limites pone al emprendedor. Si algo tenemos claro los nuevos emprendedores es que no podemos repetir los errores del pasado, por lo que cada startup es una experiencia única y una oportunidad para cambiar la forma de emprender a nivel mundial; tenemos la capacidad de cambiar el mundo pero debemos comenzar por nosotros mismos. Presta más atención a aquellos patrones que percibes y recoges en conferencias, talleres y demás cursos que, aunque aportan mucha teoría, también alimentan las creencias pasadas.
Escucha con atención pero no llegues a conclusiones inmediatas. Medita y reflexiona para llegar a formular tu propio juicio. Permanece atento a los cambios con el fin de que lo que hagas esté alineado con lo que eres, y no pierdas de vista tus objetivos y lo que quieres lograr con todo esto.
Rafael Martínez
Director Comercial
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