George Burns, la historia de un líder del sentido del humor

Burns siempre supo adaptar su talento humorístico a diversos cambios sin abandonar su característica esencia 

George Burns es posible que haya sido uno de los comediantes más queridos y valorados en Estados Unidos, buscando la razón a este gran renombre en el inquebrantable humor que siempre le caracterizó acompañado de sus reconocidas gafas redondas y su mítico puro o cigarrillo. 

Desde los años veinte y hasta su muerte, Burns se dedicó a protagonizar e interpretar diversos papeles en programas cómicos de radio, cine y televisión en los que, a pesar de que su madera como actor no era muy destacable, su vocación cómica le proporcionaban poco a poco una subida cada vez más alta en la escalera de camino al éxito profesional.

Consolidación como emprendedor comediante

Burns murió a la edad de los 100 años habiéndose convertido en todo un emprendedor del sentido del humor. Como muchas otras historias de emprendimiento, esta también tiene su propio origen. Hijo de padres judíos que emigraron de Polonia a Estados Unidos, George Burns comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo artístico con tan solo siete años, cantando en el Peewee Quartet y también como bailador, patinador y cómico.

Sin embargo, fue a comienzos de los años 30 cuando Burns consolidó su vocación como cómico en programas de radio. Junto a su esposa Gracie Allen, pasó 17 años haciendo interpretaciones ficticias de escenas de la vida real del día a día. Sin embargo, Burns y Allen al mismo tiempo aparecían en la gran pantalla con películas como The Big Broadcast; International House (1933) o Six of a Kind (1934), aunque de todas ellas A Damsel in Distress se ha convertido en la más memorable por la aparición de bailes realizados por Burns, Allen y Fred Astaire.

Un pequeño descenso y una gran reavivación 

La popularidad de George Burns siempre fue creciendo, no solo por su talento como cómico, también por su gran capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos modificando su personalidad humorística sin abandonar la imagen característica que le llevó a la fama. 

Así, como todo emprendedor, el pico de bajada de Burns tuvo lugar tras la Segunda Guerra Mundial, pero Burns supo tomar conciencia de ello y consiguió reavivarse adquiriendo nuevas caracterizaciones. Mantuvo su enfoque doméstico en series de televisión pero las interpretaciones ya no se basarán en jóvenes amantes, sino en cónyuges de mediana edad. 

Así, con los programas televisivos The George Burns y Gracie Allen Show, junto a su mujer mantuvo riendo sin parar a sus espectadores y fans durante ocho años más, hasta que Allen empezó a encontrarse mal de salud y cogió miedo escénico, circunstancias que la motivaron a retirarse de las cámaras. Burns continuó el Show con la aparición de otras personalidades femeninas, aunque ninguna de ellas consiguió calar tanto en el público como lo hacía Allen. 

Tras la muerte de su esposa, Burns produjo otros programas de televisión durante varios años, cambiando nuevamente su personalidad cómica con la cual consiguió hacerse un gran hueco sobre todo en la gran pantalla y en clubes nocturnos. Sus actuaciones en estos últimos fueron las que vieron el final de su vida a la edad de 100 años.

Texto: Sandra Salerno Mahugo para Grupo Aristeo

 

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