Cubamía, un libro escrito al corazón de los inmigrantes en el mundo

Aunque se llame Cubamía, este no es un libro sólo para cubanos. Inés María López Hernández ha escrito esta historia pensando en los inmigrantes de cualquier parte del planeta.
En Grupo Aristeo nos hemos acercado a ella y su obra.
El nombre, sí, apela al extrañamiento. Y ojo, que no tiene nada qué ver con la nostalgia, la saudade o la morriña.
Cosa que experimenta todo ser humano que abandona su país para encontrarse con otro futuro posible allende los mares.
Ana María Pérez –el personaje central– es una mujer que nació en Cuba, justo al albor de una revolución comunista que prometía pan, paz y trabajo.
Pero ojo, que la misma Inés María López Hernández les advirtió a Estela Marina y a Noé Pernía que no se trataba de un libro “sobre política”.
Pero una isla puede convertirse en la libertad, o en la cárcel, de acuerdo a los pactos que cualquiera de sus habitantes firme consigo mismo y con su anhelo de una vida mejor.
“La calle donde nací era de tierra, fango y mucha hierba”
Cubamía anuncia con esta oración la pobreza y el hambre en Sagua la Grande, pueblo natal de Ana María.
Lugar de las carencias pero también de la felicidad, de las escenas de la infancia y el mundo paralelo de una abuela espiritista rica en portentos y milagros, donde hasta el sol de hoy la vida se vive en las puertas abiertas de sus casas bajo un sol que a cada instante explota en el color y el carácter de los cubanos.
La misma autora ha dicho durante la presentación del libro en Madrid el 18 de junio de 2017, que aunque el texto es en parte autobiográfico también tiene mucho de ficción porque ella se nutre de las historias que le van contando.
O de las que va oyendo de forma accidental cuando la gente narra sus anécdotas, sus pesares y sus éxitos cerca de unos oídos ávidos como los de ella.
Inés María López Hernández es actriz y escritora, formó parte del glorioso elenco de las telenovelas cubanas de la década de los 80 y los 90.
Al igual que su personaje –Ana María Pérez– de la ficción de los platós y las tablas del teatro saltó a la dura vida real cuando encontró la oportunidad de migrar a Europa, sin dinero y con pocos objetos en una maleta donde sólo le cabían los recuerdos.
Este libro se sostiene sobre muchos puntos de encuentro con los lectores que sean inmigrantes en cualquier continente porque la idea fija de Ana María Pérez siempre fue la de trabajar para ayudar a su familia, llevársela también a Europa donde gracias a un marido amable logró fundar y hacer crecer un rinconcito de Cuba en una ciudad italiana.
La familia, la esperanza, los amigos, la adaptación al migrar con inteligencia gestionando miedos e incertidumbres, el respeto por la cultura de origen sin llegar a la nostalgia nociva, las caídas y los sinsabores amorosos, e incluso, las decepciones con la misma familia a la que has auxiliado, forman parte de la montaña rusa emocional de este libro.
Un libro al que no podemos llamar novela porque tiene mucho de autobiografía, pero tampoco ficción porque tiene mucho de la vida real.
Un libro construido con una estructura lineal, sin sorpresas ni experimentos, pero con ciertos momentos poéticos y capítulos que van escanciándose como los de una telenovela.
Es un libro escrito para ser leído en voz alta, siguiendo la tradición de la Edad Media.
El diálogo es el recurso principal que emplea la autora y no es causalidad porque Inés María López Hernández está habituada a los guiones de cine, a los libretos de la televisión, a explorar las almas a través del sagrado objeto de la palabra y los intercambios dialógicos.
Cubamía es eso, un texto para navegar por las interioridades del alma migrante del siglo XXI. La que se arriesga, la que sigue amando, la que explora y no se rinde, la que se sigue extrañando…
Algunas frases del libro:
1) Pero yo, Ana María de todos los Pérez había aprendido a tragarme las lágrimas y a sonreír.
2) Cuba, Fidel, Compay Segundo y el bloqueo de los Estados Unidos, eran los temas fijos de conversación que no podías evitar cuando alguien sabía que eras hija de esa maravillosa isla.
3) Nos besamos al mismo tiempo que nos arrancamos todos los vestidos del cuerpo, como si tuvieran espinas.
4) En Cuba tener una trabajo que estuviera relacionado con el turismo era una grandísima oportunidad que muchos cubanos buscaban. No solo porque una parte del salario se pagaba en divisas sino también porque era una ventana abierta para conocer personas que podrían brindarte un futuro mejor fuera de la isla […]
5) –¿Roberto Robaina? ¡Quién será el chistoso! Eso debe ser una jodedera Anatolia. ¿Cómo me va a llamar a mí un ministro?
6) ¿Positividad? ¿Destino? ¿Dios altísimo? Yo prefería que fuese este último, sentía que era el más fuerte.
7) La voz de mi madre cantando para olvidar las penas me hizo sonreír. Aquella era la medicina del cubano.
8) No teníamos nada nuestro, nuestros vestidos, los juguetes eran comunes, la palabra “propiedad” en mi familia, no tenía ningún significado.
9) En las noches mi cuerpo seguía esperando la boca que me habían tatuado sus ganas en cada parte.
10) ¡Esto era solo el inicio de las tantas carreras que los hermanos Pérez tendrían que enfrentar en este riesgoso, duro, incierto, y fantástico mundo de la emigración!
Para encontrar y comprar el libro:
López Hernández, Inés María (2017), Cubamía, editorial Caminos. www.editorialcaminos.es
Madrid, España.
Texto: Noé Pernía (@noepernia)
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